La crisis económica internacional y la compleja situación colombiana son el trasfondo de una reflexión del autor sobre la vigencia del pensamiento marxista. En el escenario del seminario “Marx vive” estos temas y los problemas de la integración regional y las soluciones a la crisis han sido planteados, constituyéndose en un aporte a una corriente crítica en contra del Pensamiento Único neoliberal que ha comenzado a desmoronarse.
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Galo
- 2009-12-02 20:58:37
Vigencia del marxismo. Por Galo Conde En las actuales condiciones económicas del mundo, el llamado neoliberalismo no es otra cosa que la libertad política del capitalismo de tener acceso a “mercados libres,” en donde exista la facilidad y las condiciones de invertir su creciente capital y realizar mayores ganancias, intensificar la tasa de explotación, utilizando un lenguaje marxista. Otros conceptos se subordinan al del mercado libre, como la libertad para el espíritu empresarial, reducir al mínimo la participación del estado, privatización de los servicios públicos y en otras empresas sociales. El papel del Estado se limitará a garantizar estas condiciones al capital y el desenvolvimiento de las fuerzas operantes del mercado libre. En los países subdesarrollados, los Estados dependientes habrán de garantizar estas condiciones al capital extranjero, aún por medio violentos si es necesario. El neoliberalismo es un fenómeno global. ¿Bajo estas condiciones actuales, tiene alguna vigencia el marxismo? Esto equivale a preguntar: ¿La tesis marxista de la contradicción entre los medios de producción y el modo de producción tiene aún alguna vigencia? Es evidente que los actuales medios de producción, como los del siglo XIX, están en manos privadas que constituyen la clase de los capitalistas. Es evidente también que esos medios de producción son operados, todo su poder desplegado, por el inmenso colectivo de las clases trabajadoras. Es evidente también que los bienes producidos por este gran colectivo no pertenecen a los productores, a los que con su fuerza de trabajo los han creado. La producción pertenece a los capitalistas que son los dueños de los medios de producción. Las leyes actuales sancionan la expropiación del producto social a favor del capitalista. Las crisis capitalistas encuentran aún su explicación en la contradicción entre las modernas fuerzas productivas, y la manera de apropiación de los bienes socialmente creados. Es la tarea del marxismo actual examinar el poder productivo de los medios de producción, los cuales han sido modernizados por la ciencia y la tecnología, imprimiéndoles una capacidad productiva nunca vista y el poder de irse contra sus operadores, extrayéndoles una tasa de explotación jamás vista y arrojándolos a la incertidumbre de las crisis. La pregunta no es si el marxismo está vigente. La pregunta es cómo ha aumentado la tasa de explotación desde el siglo XIX hasta nuestros días. ¿Cuál es la tasa actual de explotación en un mundo globalizado? ¿Qué parte del producto social reciben las clases trabajadoras? ¿Qué hacen los capitalistas con la incalculable acumulación moderna de plusvalía y los problemas que tienen para convertir esa plusvalía en capital? ¿En qué regiones del globo y en que áreas de la economía se encuentra ese capital invertido? Hay que dar a conocer la inmensa riqueza creada por las clases trabajadoras, la medida en que participan de esa riqueza, y la acumulada en manos del capitalista. Los medios de producción en manos de los capitalistas han producido cantidades increíbles de bienes, viviendas, carros, televisores, radios, alimentos, etc., etc. Pero lo que las clases trabajadoras reciben, es decir sus ingresos, no da para consumir lo productos. Se ha super-producido. Hay que parar de producir. Hay que despedir los trabajadores hasta que salgan los productos almacenados, hasta que se reduzcan los inventarios. En Estados Unidos se construyó gran cantidad de viviendas. Pero a las clases trabajadoras no se les proporcionó los ingresos suficientes para comprar estas viviendas. Los bancos y las instituciones financieras proporcionaron créditos para que los trabajadores adquirieran viviendas y multiplicaron las tarjetas de crédito para aumentar el consumo. Con este método se incrementaba la tasa de explotación. Sin embargo, llegó un momento en que los trabajadores no podían pagar sus hipotecas, ni sus tarjetas de crédito, por la falta de ingresos. Las deudas alcanzaban proporciones inauditas con relación a los ingresos. Mientras tanto, los bancos habían desarrollado con los intereses por recibir de las hipotecas, instrumentos de inversión y especulación en el mercado de valores. Las crecientes bancarrotas de los trabajadores crean inestabilidad en el valor de las inversiones hipotecarias. Se desarrolla una de las crisis más profundas del capital financiero. Volviendo a la tesis marxista, que ilustra la contracción arriba mencionada, por un lado, se acumulan enormes riquezas, por otro, los trabajadores no reciben los ingresos suficientes para satisfacer sus necesidades. Los bancos y las instituciones financieras se ven al borde de la quiebra. Pero tienen la carta del neoliberalismo para salvarse. Aquí interviene el estado para librarlos del desastre. Setecientos millones de millones se disponen para salvarlos. Aun así hay miles que quiebran y son absorbidos por los grandes bancos. En un momento en que había que proporcionar a las clases trabajadoras los medios de preservar sus viviendas, el gobierno optó por salvar los bancos, hipotecando el producto nacional bruto de los años venideros y aumentando la deuda del fisco, que en última instancia las mismas clases trabajadoras habrán de pagar en el futuro. Las clases trabajadoras son las únicas que pueden resolver la contradicción, reclamando los medios de producción para ponerlos a su favor, para satisfacer sus necesidades individuales y de la sociedad en general, tales como son la salud, la educación, el medio ambiente, etc. La inyección de capital a los bancos y a las instituciones financieras para superar la crisis es sólo la preparación de otra crisis que puede ser mucho más profunda, por la extraordinaria acumulación de capital, o mejor por la extraordinaria tasa de explotación. Por ahora, el neoliberalismo aún le sirve para invertir sus capitales y explotar igualmente a los países subdesarrollados. De ahí su interés en promover los tratados de libre comercio. Los tratados de libre comercio proporcionan los medios de convertir grandes ganancias acumuladas en capital. Con estas notas, muy breves y esquemáticas, trato de demostrar la vigencia del marxismo desde el punto de vista puramente económico. Su artículo ilustra cómo se desarrolla la lucha de clases, otra vigencia, a nivel local e internacional en la que las clases trabajadoras reclaman el producto de su trabajo. Esta lucha llegará al punto en que las clases trabajadoras tomen conciencia de que la sociedad en general debe tomar posesión de los medios de producción para armonizarlos con el carácter social de la producción. Marx fue el filósofo de mayor influencia en el siglo XX y lo será en el siglo XXI. |
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