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PETER WARE HIGGS

Guillermo Guevara Pardo, Bogotá, julio 6 de 2012

En 1964, este sencillo pero brillante físico, propuso que en el mundo de las partículas atómicas debería existir una que fuera la responsable de que la materia tuviera masa, es decir, una partícula que diera razón de por qué las cosas pesan. El científico inglés, nacido en 1929 en Newcastle y quien estudió bajo la guía del gran Paul Dirac, hacía algo connatural a la ciencia: realizar predicciones de fenómenos desconocidos partiendo de lo conocido, para que después la práctica experimental decida sobre (...)

En 1964, este sencillo pero brillante físico, propuso que en el mundo de las partículas atómicas debería existir una que fuera la responsable de que la materia tuviera masa, es decir, una partícula que diera razón de por qué las cosas pesan. El científico inglés, nacido en 1929 en Newcastle y quien estudió bajo la guía del gran Paul Dirac, hacía algo connatural a la ciencia: realizar predicciones de fenómenos desconocidos partiendo de lo conocido, para que después la práctica experimental decida sobre la validez o invalidez de la premonición. Por ejemplo, en 1930 Wolfgang Ernst Pauli proponía la existencia de una partícula, que posteriormente se llamó neutrino, para explicar la aparente violación de la sacrosanta ley de la conservación de la energía que se producía durante cierta forma de desintegración radiactiva. Veinte seis años más tarde la prueba experimental demostraba que el neutrino tenía una existencia real, que no era un constructo matemático y que la ley de la conservación de la energía se seguía cumpliendo aún en el nivel atómico.

Encontrar la partícula de Higgs aparentaba ser una empresa de proporciones titánicas; parecía imposible que existiera forma de detectar el novedoso bosón. Circunstancia que llevó al físico León Lederman en 1993 a bautizarla “thegoddamnparticle” o “la partícula maldita”. El laureado con el premio Nobel quiso titular así un libro al respecto, pero la editorial pensaba que la mala palabra (goddamn) hacía ofensivo el título y contrajo la expresión a “theGodparticle”, “la partícula de Dios”. De aquí surge el engañoso nombre con que los medios de comunicación han bautizado al bosón, denominación que no le gusta para nada a Peter Higgs quien es un militante declarado de esa sana práctica intelectual llamada ateísmo.

La búsqueda se inició en el año 2008 y tras cuatro años de intensa cacería la nueva presa del zoológico subatómico ha sido encontrada. En esta exitosa empresa científica participaron alrededor de 7.000 científicos de todo el mundo;JoeIncandela y Fabiola Gianotti del CERN (Organización Europea para la investigación Nuclear), fungiendo como sus voceros, han anunciado que los datos obtenidos de los experimentos en el LHC (Gran Colisionador de Hadrones) indican que el bosón de Higgs existe y que el nivel de certeza es del 99,99995%. Se ha encontrado la pieza que faltaba para completar el rompecabezas llamado Modelo Estándar: la teoría que describe el comportamiento de las partículas que componen toda la materia. El bosón (el más pesado hasta ahora encontrado) forma el campo de Higgs, una entidad material que permea todo el universo y a través del cual se mueven las partículas, como un pájaro que vuela a través del aire. La masa sería la resistencia que encuentran las partículas cuando se mueven por el campo de Higgs. Los fotones, que no tienen masa, lo atraviesan a la velocidad de la luz: 300.000 Km/seg. Los neutrinos, que tienen una masa ínfima, lo hacen a una velocidad cercana a la de la luz. Mientras que a protones y neutrones que poseen una gran masa, hay que aplicarles inmensas cantidades de energía para acelerarlos hasta velocidades cercanas a la de la luz. El nuevo bosón adquiere su masa a partir del campo del que hace parte.

Con este descubrimiento ganan los que creen que la ciencia y su método son la herramienta maravillosa y única para comprender racionalmente el funcionamiento del universo; los que defienden la tesis de que el mundo tiene una existencia independiente de la consciencia. Pierden los que reniegan de la existencia de las leyes naturales, los que creen que el mundo es una construcción social y que la ciencia es otro mito (y entonces la seriedad del trabajo del doctor Higgs es tan válida como la charlatanería de las predicciones mayas), los que mantienen que la ciencia no descubre verdades y que la experimentación a lo único que puede aspirar es a un proceso de falsación. ¡Ah! También perdió Stephen Hawking, quien deberá pagar 100 dólares al físico Gordon Kane de la Universidad de Michigan, pues hace algunos años se atrevió a apostar en contra de la existencia del bosón de Higgs. ¿Alguien apuesta sobre quién ganará el próximo Nobel de Física?

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